Estoy en un campo en mitad de un pueblo perdido de Italia. El cielo tiene uno de esos paisajes que parecen sacados de película, un azul puro y bien hecho y un sol cálido y tostado. Todo a mi alrededor no son más que diferentes trigos dorados, no hay ni un alma cerca de aquí. Un perro se oye a lo lejos, la voz bruta de una abuela llamando a su nieto para que venga a tomar la merienda quizás, todos los sonidos están lejos. El aire es puro, es uno de los aires que sé que voy a recordar, ya me ha pasado antes. Puedo encontrarme en la otra punta del mundo pero existen ciertos aires, muy pocos en concreto, pero estos siempre van a vivir en mi memoria, y este era uno de ellos.
Miro a mi alrededor, no tengo calor ni frío, todo está lejos y no importa. En ese momento solo estamos mi existencia y yo, ni si quiera el aire que de vez en cuando me despeina el pelo me importa. Estoy pasando por uno de esos momentos, lo sé. Ya me ha pasado, ya me he quedado en un sitio intacta, preguntándome cómo he llegado ahí y por qué. Cuál es mi motivo en este mundo y por qué soy yo la que esta viva en este cuerpo que es mío y de nadie más con esta vida que es mía y de nadie más. Con mis circunstancias, mis historias y experiencias, con los pedazos que me hacen ser como soy y todo aquello que me ha hecho cambiar. Y nunca obtengo respuesta. ¿Nos volveremos a encontrar en otra vida? ¿Tendré cerca tu calor, sabré que eres tú y podré volver a elegirte?
No solo hablo del amor platónico, sino de todos los amores de mi vida. Mi madre, mis hermanas, mi hermano, mis abuelos, mis amigas. ¿Volveré a encontrarlos en otra vida? ¿Sabré que sois vosotros? ¿Lo he hecho ya acaso?. Quizás esta sea mi tercer vida y siempre os he conseguido encontrar en otros cuerpos. O quizás no.